Hablemos de Autismo

2/4/17


Conocí a Cintia a través de las redes por su emprendimiento de cuadernos y libretas hechos a mano. Después la conocí del otro lado de la pantalla, en una reunión con otros amigos que pasamos del mundo virtual al “real”. Me pareció todo un personaje. En algún momento, hablando de cosas de hijos (ya no recuerdo qué, en esos encuentros se habla de demasiados temas) pero ponele que de alimentación, o contagios, o alergias, dijo algo tipo “cuando tu hijo es ‘…plinplinplin…’ tenés que extremar los cuidados”. No recuerdo tampoco qué palabra usó, pero estoy segura que no fue ni diferente ni discapacitado ni especial ni enfermo de tal o cual cosa.
Me quedé pensando qué le pasaría al hijo de esa chica alta con ese sentido del humor tan genial y ese combo entre reflexivo, oscuro y todomechupaunhuevo. Dijo algo lo suficientemente normal como para que el comentario pase sin mayor revuelo, pero no tanto como para no llamarme la atención. Pasó. Seguimos charlando veinte locos de diferentes cosas, pisándonos unos a otros, intercambiando datos y opiniones, pero sobre todo riéndonos mucho.
Al tiempo me enteré que el hijo de Cintia es autista. Y que ella escribe un blog sobre eso. Pero también sobre la vida. Sobre ser madre o padre. Sobre como sobrellevar la diaria, a veces con paciencia o con optimismo, enojo o fastidio. A veces con todo junto, siempre con amor. Es un blog que vale la pena leer.
Yo no tengo un hijo autista. Pero vivo mi vida igual que Cintia. Nos pasan las mismas cosas, aunque a ella le pasan (y le pesan) otras más. Yo no puedo cambiar su realidad, pero ella puede cambiar la mía. Porque aunque a ella no le guste, me inspira. Me inspira a buscar en mí esa fortaleza que ella tiene. 

Cintia dice: “Yo no tengo autismo. Mi hijo de 4 años, Lautaro, tiene autismo. Yo lo único que hago es ponerme su camiseta”.
Yo no tengo autismo. Mis hijas no tienen autismo. Pero yo también me pongo su camiseta. Porque hoy es el Día Mundial de Autismo y es importante que hablemos de autismo. Para informar, para darle visibilidad al tema, por el diagnóstico temprano, por la inclusión de todos aquellos diagnosticados con TEA (Trastornos de Espectro Autista) en los sistemas de salud y educación. 
#HablemosDeAutismo #autismo #autismus #autism #diamundialautismo #2ADiaMundialAutismo






































Notas: 
La foto es del blog de Cintia. 
El diseño de la remera es de la genia de Seel, otro lindo personaje que conocí gracias a las redes.


De cómo el 2001 me dio un hogar y un desayuno con churros.

19/3/17



Recién mudada. Recién embarazada. Recién despertada, pero no mucho. Escucho desde la calle un silbato largo y uno corto, seguido de un grito de Churrrrrooooos! Calentitos los churros! Medio dormida me acuerdo del heladero de mi infancia, o del barquillero en la playa. Debo seguir soñando, porque qué bueno sería desayunar con churros. Los escucho de nuevo pero esta vez más cerca. Abro los ojos. Abro la ventana. Si. RE. Se re escucha la voz de un hombre ofreciendo churros a las 8 y media de la mañana. Me asomo y le grito Señor! Señor! Acá, en la ventana! Y lo veo por primera vez. De punta en blanco, en su bici, con la canasta. Llena de churros rellenos. También simples. También bolas de fraile. Y a veces tortas fritas.




No lo puedo creer. Tengo churros rellenos en la puerta de mi casa. Yo en pijama adentro y ellos ahí afuera, listos para mi desayuno.
Me cuenta el Señor de blanco que sí, que él pasa siempre los fines de semana, y a veces en la semana. 8.30 mas o menos pasa con los churros todavía calentitos, y que vuelve a pasar entre 10.30 y 11 pero ya a temperatura ambiente.
Y cómo hago para pedirle? Cómo se llama usted?
Usted asómese como hizo hoy cuando me oiga cerca, y grite Churros! Yo la voy a oír.
Le compro media docena y soy feliz.
Feliz de tener esta casa, en este barrio, esta bebita en la panza y esta family-to-be que ama los churros.

La historia arranca cuando buscábamos casa para mudarnos de nuestro departamento en Palermo. Bah... del de #novio. En realidad no queríamos mudarnos, pero una cantidad de sucesos fortuitos encadenados nos hicieron comprar una casa juntos.
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